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¿Como Enseñar a la gente a pensar bíblicamente?
 
Tanto la falsa esperanza como la pérdida de ella surgen de ignorar o malentender las verdades de Dios. Si entendiéramos las Escrituras perfectamente y todos nuestros pensamientos estuvieran alineados con ellas, nunca sufriríamos ninguno de estos males. Por tanto, si deseamos que nuestros aconsejados tengan esperanza, debemos ayudarles a pensar bíblicamente sobre varios aspectos de sus vidas.

Pensar bíblicamente acerca de la situación especifica.
Una vez aconsejé a un hombre que estaba desesperado porque no podía dormir en la noche. Durante el proceso, observamos varios pasajes de las Escrituras relacionados con el sueño13. Como muchas otras personas, desconocía lo que la Biblia habla acerca de este problema y pude discernir que su esperanza crecía a medida que los estudiábamos. Mejor que un mero citar pasajes indefinidos de aplicación general, debemos mostrar a la gente que la Palabra de Dios habla específicamente acerca de su problema. Saber que Dios nos da instrucciones específicas para nuestra situación personal es una fuente inagotable de esperanza.

Pensar bíblicamente acerca del carácter de Dios.
Podemos infundir esperanza en nuestros aconsejados al ampliar o corregir sus conceptos de Dios. La gente, con frecuencia, pierde su esperanza simplemente porque tiene conceptos erróneos acerca de Dios. Puede verle como uno que disciplina de manera cruel y, por tanto, perder sus esperanzas de agradarle entre tanto que vienen luchando con su pecado. En el otro extremo, hay quienes piensan en Dios como «un buen tipo» que pasa todo por alto y pierden su esperanza porque permiten que el pecado corra sin freno en sus vidas.

Cualesquiera sean los errores que alguien pueda tener en su concepto de Dios, se beneficiará y cobrará esperanza si aprende a pensar bíblicamente acerca de Él.

Pensar bíblicamente acerca de las posibilidades buenas.
A veces la gente pierde su esperanza porque sólo ve el lado negativo de sus circunstancias y no reconoce las posibilidades buenas que existen en cada situación. Sólo ve los problemas y el dolor y no lo que Dios desea cumplir a través de la dificultad. Debemos ayudarles a comprender que, cuando Dios nos saca de nuestra acostumbrada comodidad, lo hace con vistas a nuestro crecimiento y desarrollo. Santiago 1.2 dice: «Hermanos míos, tened por sumo gozo cuando os halléis en diversas pruebas». ¿Cómo puede Santiago tener las pruebas como motivo de gozo? ¿Acaso sería masoquista? En absoluto; lo dice porque podemos saber que «la prueba de nuestra fe produce paciencia» (vv. 3-4). Como escribió Jerry Bridges:

Pablo y Santiago nos dicen que deberíamos gozarnos en nuestras pruebas por los beneficios resultantes. No es la adversidad en si lo que se considera causa de gozo. Es más bien la espera de los resultados, el desarrollo de nuestro carácter, lo que debería ser causa de gozo en la adversidad. Dios no nos dice que nos alegremos porque perdimos el trabajo ni porque un ser amado ha sido víctima de un cáncer o porque un niño ha nacido con un defecto incurable. Nos dice que nos regocijemos porque creemos que el Señor está en control de tales circunstancias y está obrando a través de ellas para nuestro bien definitivo14.

Cuando una persona entiende y cree que aun la nube más oscura tiene un borde plateado, esto le inspira una gran esperanza que la sostendrá a través de cualquier adversidad.

Pensar bíblicamente acerca de los recursos divinos.
Podemos infundir esperanza en la gente al ayudarla a entender y apropiarse de los recursos que Dios le ha provisto. Hay quienes pierden la esperanza porque piensan que no tienen habilidad para manejar lo que están confrontando. Pero la Palabra de Dios dice que «en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó» (Ro 8.37) y «poderoso es Dios para hacer que en vosotros abunde toda gracia, a fin de que, teniendo siempre en todas las cosas todo lo suficiente, abundéis para toda buena obra» (2 Co 9.8). En la medida que los creyentes comprendan que pueden hacer todo a través de Cristo, quien los fortalece (Fil 4.13), tendrán una bendita confianza ante cualquier lucha15.

Pensar bíblicamente acerca de la naturaleza y causa del problema.
Durante los años que estuve involucrado en consejería, encontré muchas personas que habían perdido sus esperanzas porque habían adoptado un diagnóstico psicológico antibíblico de su problema. En algunos casos eso ocurrió porque alguien les había dado el diagnóstico. En otros, porque habían leído algo o visto un programa de televisión u oído un programa radial o por haber tomado un curso de psicología, pensaron que estaban sufriendo un problema psicológico. No entendieron que, lo que llamamos diagnóstico, es sólo una identificación descriptiva que alguien ha decidido utilizar como rótulo para cierta clase de conducta o experiencia que se observa en los seres humanos. Pero aunque la palabra o frase descriptiva parece inteligente y significativa, no define la causa ni la naturaleza del problema.

Esto resulta claro cuando comparamos cómo son diagnosticadas las enfermedades y cómo los problemas psicológicos. En la ciencia médica, si un paciente muestra ciertos síntomas, el médico puede inferir cierta enfermedad. Pero antes de dar un diagnóstico definitivo, se llevan a cabo varios exámenes científicos, tales como análisis, radiografías, etc., a fin de confirmarlo o modificarlo. Luego, en base a la evidencia científica, el médico puede decir si el paciente padece o no esa enfermedad. Tal diagnóstico no se basa sólo en síntomas sino en una evidencia o prueba demostrable acerca de la causa y la naturaleza del problema.

Pensar bíblicamente acerca de lo que dicen.
El lenguaje es un instrumento que Dios ha escogido para comunicarse con nosotros. Las palabras son importantes para Él. Si practicamos la consejería bíblica, debemos ayudar a nuestros aconsejados a pensar y hablar bíblicamente acerca de sus problemas. Para hacerlo, necesitamos usar palabras bíblicas, más que términos psicológicos, para describir los problemas. Los términos de la psicología tienden a dirigir los pensamientos del aconsejado lejos de Cristo y de su Palabra, mientras que el uso de términos bíblicos tales como pecado, temor, enojo, preocupación, confianza, codicia, amargura, avaricia, envidia y celos, dirigen los pensamientos hacia las Escrituras.


Fuente: Extracto tomado del libro La consejería
Por: John MacArthur
Editorial: Grupo Nelson
 

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