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Mujer descubre el impacto y el poder de tus palabras
Mujer descubre el impacto y el poder de tus palabras

Mis padres (¡todavía!) relatan con orgullo que a los dieciocho meses yo era una conversadora prodigiosa con un amplio vocabulario.  Según mi abuela, empecé a predicarles a mis muñecas a los tres años.  ¡Me gustaría poder decir que todas mis palabras han sido exhortaciones bíblicas! Pero, francamente, he metido la pata más veces de las que quisiera recordar.  En ocasiones dije cosas que no debí decir, o no dije cosas que debí decir.

“Palabras tan inocentes e impotentes como son en un diccionario, cuán poderosas para el bien y el mal pueden ser en manos de aquel que sabe cómo combinarlas” Nathaniel Hawthorne

Esto es algo con lo que lucho a diario, al igual que todas las mujeres que conozco.  Con tantas palabras que decimos cada día, no es de extrañar que nos pase.  Proverbios 10:19 dice: “En las muchas palabras no falta pecado…”

La Biblia tiene mucho más que decir sobre el poder de nuestras palabras y la batalla para usarlas con sabiduría.  El libro  de Santiago señala lo siguiente:

“He aquí nosotros ponemos freno en la boca de los caballos para que nos obedezcan, y dirigimos así todo su cuerpo.  Mirad también las naves; aunque tan grandes y llevadas de impetuosos vientos, son gobernadas con un muy pequeño timón por donde el que fela gobierna quiere.  Así también la lengua es un miembro pequeño, pero se jacta de grandes cosas.  He aquí, ¡cuán grande bosque enciende un pequeño fuego!  Y la lengua es un fuego, un mundo de maldad.  La lengua está puesta entre nuestros miembros, y contamina todo el cuerpo, e inflama la rueda de la creación, y ella misma es inflamada por el infierno.  Porque toda naturaleza de bestias, y de aves, y de serpientes, y de seres del mar, se doma y ha sido domada por la naturaleza humana; pero ningún hombre puede domar la lengua, que es un mal que no puede ser refrenado, lleno de veneno mortal.  Con ella bendecimos al Dios y Padre, y con ella maldecimos a los hombres, que están hechos a la semejanza de Dios.  De una misma boca proceden bendición y maldición (Santiago 3:3-10)”

Esto da que pensar y nos lleva a preguntarnos cómo nos está yendo en nuestros esfuerzos por “domar la lengua”.  ¿Las palabras que decimos son palabras que hieren o palabras que sanan? ¿Palabras que viven o palabras que mueren? ¿Y qué revelan nuestras palabras sobre lo que hay en nuestro corazón?

Realmente no es una exageración decir que Dios nos ha dado el potencial increíble, el privilegio extraordinario y la oportunidad sorprendente de afectar la vida de nuestros seres queridos de una manera poderosa.  Depende de nosotras aprovechar esto al máximo, aprender a usar las palabras con sabiduría y prudencia.

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Sobre el Autor:

Christin Ditchfield es anfitriona del programa de radio "Take It to Heart!" [Tomarlo a pecho] escuchado diariamente en emisoras por todo Estados Unidos, Canadá y América Central y del Sur. Es una conferencista popular y autora de más de cuarenta libros. 

Sus artículos han sido publicados en numerosas revistas nacionales e internacionales.




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