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La fuerza de un hombre está en su fibra moral.
La fuerza de un hombre está en su fibra moral.

La fuerza siempre la demuestra la resistencia.  Para probar cuán fuerte es un pegamento, lo ponemos entre dos pedazos de material y tratamos de separarlos. La fuerza de un matrimonio está determinada por su habilidad de resistir las fuerzas que tratan de separar a la pareja.  La fuerza de una nación, de una iglesia o de la familia depende del carácter de sus miembros para resistir las presiones que quieren separarlos.  La mayoría de las naciones y familias derrotadas colapsan desde adentro, lo cual las hace vulnerables desde afuera.

Lo mismo es aplicable a los individuos.  La fuerza interior de un hombre determina su habilidad para resistir las tentaciones, las acusaciones, las persecuciones, las seducciones, las mentiras y otras presiones que tratan de derrotar su virilidad.  El hombre debe tener fuerza para luchar contra lo malo y a favor de lo justo.  El mundo necesita hombres fuertes.

Dios creó al hombre y a cada otro ser viviente y les ordenó que produjeran según su propia especie.  De acuerdo a los designios de Dios, las plantas producen frutos.  Las ostras producen perlas.  Los hombres producen hombría.  Dios no espera que el hombre produzca ángeles o perfección.  Lo único que espera de los hombres es hombría.

Un hombre ejemplificó perfectamente los rasgos de la hombría que tanto se nos escapan hoy. Él los retuvo al dar su propia vida.  Aceptó la responsabilidad no sólo de sus propios actos, sino de los del mundo entero.  Enseñó a los hombres que si uno solo perdía la vida, podría en verdad ganarla.  Por el ejemplo de su vida y sus enseñanzas, nos dejó los principios que siempre podrán hacer de nosotros héroes.

En los Estados Unidos no podemos mencionar su nombre en lugares públicos; no debemos alabarlo ni celebrar abiertamente su nacimiento ni su muerte; ni se nos ocurra mencionar su nombre en oración en reuniones políticas (aunque los políticos dependen de sus palabras para elaborar sus discursos y juran defender las leyes que Él estableció y que cumplió en la tierra).

Aunque ha habido fuerzas que han tratado de borrarlo de la conciencia de la sociedad, continúa enseñando a los hombres cómo alcanzar la grandeza, cómo llegar a ser un hombre de veras, cómo alcanzar el heroico éxito que soñamos alcanzar.  Este hombre es Jesucristo.

No es el Cristo de los religionistas ni el “gran hombre” de los filósofos, sino el Cristo de Dios, la encarnación de todo lo que originalmente creó en el hombre, la “imagen” de Dios.  Así como Dios una vez escribió sus mandamientos en las tablas de piedra de Moisés, ahora, gracias a la capacidad del Espíritu de Cristo de habitar en el individuo, los escribe en las tablas del corazón de los hombres.  Los hombres de Dios desean hacer la voluntad de Dios no externamente, motivados por una situación legal, sino internamente, por un deseo espiritual creado por Dios mismo.  Esa presencia interior rehace el espíritu del hombre y renueva su mente.

Para que los hombres sean hombres una vez más, es necesario recuperar el espíritu de hombría en virilidad e integridad, el poder de hombría es productividad y liderazgo, y la convicción de hombría en determinación y excelencia moral.

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Sobre el Autor:

Marido, padre, líder, autor, Pastor 1922-2002
"El Padre del Movimiento de los Hombres Cristianos"
Ed Cole estableció un patrimonio que influirán en las generaciones, lanzadas desde una declaración de misión que impulsó a su vida y ministerio: 
"Me han llamado para hablar con una voz profética a los hombres de esta generación y puesto en marcha con un ministerio especializándose en los hombres para declarar una estándar para adulto, y esa norma es que 'hombría y Cristo son sinónimos. "




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