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Caminando por el valle de sombra de muerte
Caminando por el valle de sombra de muerte

CAMBIOS EMOCIONALES Y PSICOLÓGICOS
El impacto emocional y psicológico del diagnóstico de una enfermedad terminal puede variar considerablemente, dependiendo del tipo de enfermedad, la personalidad y situación del individuo.  Puede causar cambios en los roles que se suele llevar en la familia, en los recursos financieros y en la autoestima de la persona.  Es un tiempo de miedo y de ansiedad, y puede abrumar aun a los más fuertes.  Las demandas de la enfermedad y el tratamiento se juntan para afectar el estado mental, emocional y físico del paciente.  La preocupación por el resultado del tratamiento y sus efectos secundarios afectan su bienestar y su tranquilidad.

Una de las respuestas normales a la situación es sentir enojo por la enfermedad.  Aunque es importante tener “una actitud positiva”, si en este proceso se niega la realidad del enojo, el miedo, la tristeza y se priva de darles apertura, habrá consecuencias emocionales negativas en el futuro; y en muchas ocasiones es cuando menos se las puede manejar.  La energía requerida para ahogar estas emociones puede anular los esfuerzos para tener una actitud positiva.

CAMBIOS ESPIRITUALES
Al oír el diagnóstico de una enfermedad terminal algunas personas pueden encontrar consuelo en su fe, mientras otras van a cuestionarla.  “¿Está castigándome Dios?”. “¿Por qué me pasa esto a mí?”.

Aún para la persona que no tiene una relación con una iglesia ni se considera una “persona religiosa”, este puede ser un tiempo para la reflexión y decisión espiritual.  La oración, la meditación y las disciplinas espirituales pueden ayudar a reducir el estrés y producir un crecimiento espiritual.  La oportunidad de conversar con el pastor, con otros ministros de la iglesia, capellanes o consejeros pastorales puede fortalecer la fe y aclarar los interrogantes y las preocupaciones.

La oración es un recurso de alto valor para los creyentes.  Aun hoy día en los centros médicos se la está estudiando y promoviendo mucho más que en años anteriores.  Hay evidencia científica del valor terapéutico y sanador de la oración.  La lectura de la Biblia y de libros devocionales es valiosa para el enfermo y para quienes los cuidan.  Además el asistir a cultos y reuniones espirituales no solamente puede reforzar el estado espiritual de la persona enferma, sino que puede darle un sentido renovado de pertenencia a la comunidad espiritual y a la familia de Dios.

A pesar del impacto tan abrumador de la noticia de una enfermedad terminal, la persona no es solamente “el enfermo” es una persona integral holística.  Una persona “hecha a la imagen y semejanza de Dios”.   Es una persona con intereses y esperanzas más allá de su enfermedad.  Es una persona que puede celebrar cada día de su vida.  Es una persona que tiene que decidir si quiere ser una persona que “se está muriendo de una enfermedad terminal” o si está “viviendo con una enfermedad terminal”.  La enfermedad no puede anular el hecho de la maravilla de su vida y de su personalidad.  Como dice la Biblia: “Porque somos hechura de Dios, creados en Cristo Jesús para hacer las buenas obras…” (Efesios 2:10).  Esto es cierto tanto para el enfermo terminal como para el sano.
El impacto de la noticia de una enfermedad terminal produce muchos cambios en la vida de la persona afectada y en la de sus seres queridos.  Sin embargo, el impacto es limitado por los recursos que se tienen y los que se puedan adquirir.  Las buenas nuevas son que la enfermedad puede llegar a ser considerada como un estímulo hacia una vida más significativa, no solamente para la persona enferma sino para los que le rodean.

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