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Nuestro mundo se derrumbó en un minuto
Nuestro mundo se derrumbó  en un minuto

Éramos una familia normal y feliz, y nos iba bien en la vida.  No teníamos absolutamente la menor idea de la tragedia que nos golpearía en una tarde de cálida primavera.  Nuestro hijo, Denis, de veinticinco años, estaba casado y tenía dos hijos pequeños.  Vivían muy cerca de nosotros, y por lo tanto los veíamos con cierta regularidad.  Su hija de dos años iba a todos lados con su papito y esa tarde él la trajo para que nos viera.  El nuevo bebé, de cinco semanas solamente, se quedó en casa con su madre.

Era un día hermoso, hacía cerca de veinticinco grados centígrados, y Dennis y la pequeña Lindsey se unieron a mi marido y a mí para comer algo.  Luego Dennis nos comentó que iría a  ayudar a un amigo a demoler un edificio.  Llevó a Lindsey a su casa, subió a su motocicleta y se dirigió a la casa de su amigo.  Salió de casa como a las cinco menos cuarto, ¡y veinte minutos más tarde estaba muerto!

Hasta ese momento no había sabido lo que significaba confiar en el Señor con cada onza de mí ser.  Nuestro mundo se derrumbó en cuestión de minutos.  Estábamos completamente devastados y totalmente traumatizados.  Sentía como si mi corazón se hubiera hecho pedazos fuera del pecho.  Las preguntas me bombardearon la mente:
¿Cómo pudo haber pasado esto?
¿Cómo vamos a afrontar estos próximos días?
¿Cómo puedo mirar a mi hijo en un ataúd?
¿Cómo podremos pasar el resto de nuestras vidas y nunca más volver a ver a Dennis?
¿Cómo podremos ver a nuestros nietos crecer sin su papito?

Todos estos pensamientos eran casi insoportables.  Sabía que Dios dijo que él nunca pondría algo en nosotros que no pudiéremos soportar, pero para mí que había cometido un error en nuestro caso.

Todo lo puedo en Cristo que me fortalece” (Filipenses 4:13).
“El Señor es mi roca, mi amparo, mi libertador; es mi Dios, el peñasco en que me refugio.  Es mi escudo, el poder que me salva, ¡mi más alto escondite!” (2ª. Samuel 22:3).
“A las montañas levanto mis ojos; ¿de dónde ha de venir mi ayuda?  Mi ayuda proviene del Señor, creador del cielo y de la tierra” (Salmo 121:1-2).

Había conocido estos versículos toda mi vida, pero había llegado el momento de ponerlos en acción.  A través de largos días y noches no creí que lo lograría.  Bueno, en realidad tengo que decir que no quería lograrlo.  Supliqué a Dios que me quitara la vida. Simplemente no quería seguir viviendo.  Era más fácil estar muerta que vivir con toda aquella pena y aflicción.  Sentía que estaba colgada de un hilo, ¡pero ese hilo era Jesucristo!

Me fue bien difícil volver a la iglesia, dado que allí fue el lugar donde se realizó el funeral de Dennis. ¡Qué bendición fue nuestro pastor durante ese tiempo!


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Sobre el Autor:

David Ray Wilkerson (mayo 19, 1931 a abril 27, 2011) fue un evangelista cristiano estadounidense, mejor conocido por su libro La Cruz y el Puñal. Fue el fundador del programa para la recuperación de adicciones Teen Challenge, y el pastor fundador de la Iglesia de Times Square en Nueva York




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