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La intimidad con Dios: un Requisito Esencial
La intimidad con Dios: un Requisito Esencial

Si me pidiera que le hablara sobre mi madre, comenzaría diciéndole que su nombre era Rebeca y que nació en Dry Fork, Virginia.  Tras la muerte de sus padres, ayudó a criar a su familia.  No tuvo mucha educación formal, pero estaba dedicada a hacer todo lo mejor que pudiera.  También añadiría que murió hace algunos años.  Con esta pequeña cantidad de información, no conocería usted mucho sobre mi madre.

Sin embargo, ¿qué ocurriría si le dijera que era una mujer hermosa y piadosa que siempre suplió mis necesidades?  Mi padre murió cuando yo era muy joven, y ella estuvo dispuesta a aceptar el reto de criarme.  Una vez tuvo que trabajar en dos trabajos para poder hacer frente a los gastos y darnos de comer.  La mayoría de las veces, se levantaba muy temprano para ir a trabajar.  Mientras yo estaba en la escuela, ella llegaba a casa de su primer trabajo y se preparaba para ir al segundo.  Antes de irse, hacía la comida y ponía la mesa para que yo supiera lo que tenía que hacer y lo que tenía que comer.   Solía prepararlo todo, y sin fallar, solía escribirme una nota diciéndome cosas que debía recordar, o a veces tan sólo me escribía una nota que decía: “Charles, te quiero”.

Mamá era disciplinada y persistente.  Tenía que serlo para poder mantener unida a nuestra familia.  Nunca se dio por vencida ni renunció aunque la vida era difícil, raramente se desanimaba.  Siempre quería que tuviera mi mejor aspecto, así que por la noche lavaba y planchaba mi ropa para que tuviera algo limpio para ir a la escuela a la mañana siguiente.  Solamente tenía dos pares de zapatos, pero ella se aseguraba de que estuvieran brillantes y que hubiera un pañuelo en mi bolsillo.  Cuando acudía a ella con un problema, nunca decía: “Charles, estoy muy ocupada para hablar”, sino que siempre dejaba lo que estaba haciendo y me escuchaba.  A veces no obtenía muy buenas calificaciones pero mamá nunca me regañaba, sino que solía decir: “Hazlo lo mejor que puedas, y yo oraré por ti”.  Casi todas las noches entraba en mi habitación y se arrodillaba al lado de mi cama, y luego orábamos juntos.  Aún puedo recordar cómo le decía mi nombre al Señor mientras oraba por las cosas que me preocupaban.  Sólo la vi enojada un par de ocasiones.  Era mucho más compasiva de lo que yo jamás podría ser.

Aunque solo ganaba nueve dólares y diez centavos a la semana, superamos los momentos difíciles.  Recuerdo que se sentaba a repasar las facturas, y decía: “Este dinero será para esta factura y este para esta” y así seguía.  Era muy meticulosa y cuidadosa con el dinero, pero también era muy generosa.  Había veces que no teníamos mucho que comer, sin embargo, si alguien llegaba a casa que tenía menos que nosotros, mamá siempre encontraba algo en el refrigerador que darle.  Hay muchas cosas que recuerdo de ella, pero lo que nunca olvidaré es cuánto se sacrificaba por mí.  Si me detuviera en este instante y dijera: “¿Conoce algo acerca de mi madre?, creo que usted diría que sí.

LA RELACIÓN ES IMPORTANTE
Si le pidiera que me hablara de Dios, ¿qué me diría? ¿Podría hablarme de la relación personal que tiene con Él?  ¿O diría: “Solo hay un Dios que vive en el cielo, y creo que su Hijo murió por mis pecados.  Ha prometido crear un lugar para mí en el cielo.  Me salvó, justificó y perdonó”?  Yo podría enumerar probablemente unos cuantos principios más, pero las verdaderas cuestiones son: ¿Sabe quién es Dios? ¿Conoce algo personal de Dios más allá de lo que ha aprendido en la iglesia o en conversaciones con amigos?  ¿Conoce sus caminos?  Hay demasiada gente que no entiende la manera de actuar de Dios, y el problema es que muchos de los hijos de Dios saben cosas acerca de Dios, pero no tienen una relación personal con Él.  Es ahí donde afrontamos nuestro mayor reto: conocer a Dios y amarlo sobre todas las cosas.  Lo esencial en cualquier relación es esto: si quiere conocer a alguien, debe conocerlo íntimamente.


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Sobre el Autor:

Dr. Charles Stanley es pastor de la Primera Iglesia Bautista de Atlanta, Georgia. Es autor de numerosos libros, entre ellos Las bendiciones del quebrantamiento y otros títulos. Su popular de radio y programas de televisión In Touch se ha oído y visto en todo el mundo.




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