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El Lugar Dónde la Ciencia se Encuentra con la Fe
El Lugar Dónde la Ciencia se Encuentra con la Fe

Yo estoy a favor del diálogo entre la ciencia y la religión, pero no de un diálogo constructivo. 

Uno de los grandes logros de la ciencia ha sido, si no hacer imposible que una persona inteligente ser religiosa, al menos hacer posible para ellos el no ser religiosos.  Nosotros no debemos retroceder este logro. Steven Winberg, físico

La ciencia y la religión… son amigos, no enemigos, en la búsqueda común del conocimiento.  Algunas personas pueden encontrar esto sorprendente, porque hay un sentimiento en nuestra sociedad de que la creencia religiosa está fuera de moda o que es imposible en una era científica.  No estoy de acuerdo.  En realidad, iría más allá al decir que si la gente en esta llamada “era científica” supieran un poco más acerca de la ciencia de lo que realmente saben, encontrarían mi punto de vista más fácil de compartir.    John Polkinhorne, físico y teólogo

Allan Rex Sandage, el más grande cosmólogo observacional en el mundo –quien ha descifrado los secretos de las estrellas, sondeado los misterios de los quásares, revelado la edad de las agrupaciones globulares, señalado las distancias de las galaxias remotas y cuantificado la expansión del universo a través de sus trabajos en los observatorios del  Monte  Wilson y el Monte Palomar- se preparó para tomar su lugar en la plataforma de una conferencia en Dallas.

Pocos científicos son tan ampliamente respetados como el que en algún tiempo fuera el aprendiz del legendario astrónomo Edwin Hubble.  Sandage ha sido honrado con prestigiosos galardones de parte de la Sociedad Astronómica Americana, la Sociedad Física de Suiza, la Real Sociedad Astronómica y la Academia Sueca de Ciencias,  habiendo recibido el premio de la astronomía equivalente al Premio Nobel.  El New York Times lo nombró: “El gran anciano de la cosmología”.

Mientras él se va acercando al estrado en esta conferencia sobre la ciencia y la religión que se llevó a cabo en  1985, no hay duda de en dónde se debe sentar.  La discusión sería acerca de los orígenes del universo y el panel estaría dividido entre aquellos científicos que creen en Dios y los que no, puesto que cada punto de vista tendría su propio lado en el escenario.  Muchos de los asistentes probablemente sabían que Sandage, de herencia judía, había sido prácticamente ateísta desde niño.  Muchos otros creían de forma indudable que un científico de su estatura debía mostrarse escéptico acerca de Dios.

Como el Newsweek lo planteó: “Mientras más profundizan los científicos en los secretos del universo, uno concluiría que la imagen de Dios se irá esfumando de sus corazones  y mentes”.  Así que el asiento de Sandage entre los que dudaban de Dios era un hecho.

Entonces lo inesperado sucedió.  Sadage dejó al auditorio atónico cuando tomó un lugar entre los que creen en Dios.  Aún más sorprendente, en el contexto de una plática acerca del  Big Bang y sus implicaciones filosóficas, declaró públicamente que había decidido hacerse cristiano a la edad de cincuenta años.

“El Big Bang”, le dijo a la sacudida audiencia, “era un evento sobrenatural que no podía ser explicado dentro del campo de la física como lo conocemos.  La ciencia nos ha llevado al Primer Evento, pero no nos puede llevar más allá a la Primera Causa.  El repentino surgimiento de materia, espacio, tiempo y energía señalaban la necesidad de algún tipo de trascendencia”.  Más tarde le explicó a un reportero: “Fue mi ciencia la que me llevó a la conclusión de que el mundo es mucho más complicado de lo que puede ser explicado por la ciencia.  Fue solamente a través de lo sobrenatural que pude entender el misterio de  la existencia”.

Sentado entre la multitud en Dallas aquel día, impactado por lo que estaba oyendo de parte de Sandage, estaba un joven geofísico que llegó a la conferencia casi por accidente.  Stephen Meyer se había vuelto al cristianismo mientras buscaba filosóficamente el sentido de la vida, pero no había explorado en realidad si la ciencia podía proveer evidencias que apoyaran su fe.  Ahora no solo Sandage sino el prominente astrofísico de Harvard, Owen Gingerich, estaban aquí concluyendo que el Big Bang parecía amoldarse mejor a un punto de vista ateísta. Mas tarde vino  una sesión del origen de la vida, presentada por Dean Kenyon, Biofísico de la Universidad Estatal de San Francisco, quien había sido coautor de un libro influyente que afirmaba que el surgimiento de la vida pudo haber sido “bioquímicamente predestinado” por una atracción inherente entre aminoácidos.  Esta parecía ser la explicación más prometedora para el problema de cómo la primer célula viviente pudo de alguna manera “auto ensamblarse” a  partir de materia no viviente.  Para sorpresa de Meyer, Kenyon subió al pódium y empezó a negar las conclusiones de su propio libro, declarando que había llegado a un punto que era crítico en todas las teorías naturalistas de orígenes.  Debido a la inmensa complejidad molecular de la célula y de las propiedades del ADN para llevar la información,  Kenyon ahora cree que la mejor evidencia apunta hacia un diseñador de la vida.

En lugar de la ciencia y la religión estar separadas, Meyer escuchó a especialistas del más alto nivel en cuanto a logros científicos que decían que eran teístas… no a pesar de la evidencia científica sino por ella misma.  Como Sandage diría: “Muchos científicos son atraídos hacia la fe por medio de su trabajo”.


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Sobre el Autor:

Lee Strobel fue el editor legal premiado de The Chicago Tribune y es el autor de El Caso de la Fe, El Caso de Cristo, y El Caso del Creador, todos los cuales se han convertido en libros más vendidos. Con un título en periodismo de la Universidad de Missouri y una Maestría en Estudios de Licenciado en Derecho por Yale.




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